viernes, 7 de agosto de 2009

Arual, la niña guerrera.

Hace muchos, muchísimos años, en un lejano país, nació una preciosa niña a la que pusieron de nombre Arual. La pequeña crecía sana y fuerte, bendecida por muchos dones, pero como no hay nada perfecto en este mundo, Arual era una niña guerrera que no paraba quieta y llevaba de cabeza a familiares y amigos, que hartos de que no hiciera caso a sus monsergas, la habían dejado por imposible e indomesticable: Arual hacía lo que le venía en gana y cuando ella lo decidía.

Hay que decir que Arual tenía muy buen corazón y era muy generosa y alegre, el problema era que se había adelantado a su tiempo y en lugar de ser sumisa y aplicada con las tareas domésticas, Arual corría descalza por el campo, no le tenía miedo a nada, y cosa inaudita para aquel entonces, ¡quería estudiar!

El caso es que Arual no entendía a su familia ni ésta la entendía a ella, así que sintiéndose incomprendida, se marchó de casa llevándose una pequeña canasta con algo de ropa y comida.

Al poco, el pueblo quedaba atrás y Arual traspasaba los límites que éste le había impuesto toda su vida. Se sentía más libre y feliz que nunca, orgullosa de renunciar a la comodidad y seguridad conocida para adentrarse en lo desconocido y tal vez peligroso, sin más protección y ayuda que ella misma.

Tras mucho caminar, Arual llegó a una encrucijada, una flecha señalaba hacia un pueblo, la otra hacia un castillo. Arual no dudó, tomó el camino que conducía al castillo, y al amanecer llegó a las puertas del imponente edificio. Como Arual había caminado toda la noche, se sentó un momento a descansar y se quedó profundamente dormida.

Cuando despertó la mañana lucía esplendorosa, sin embargo, las puertas del castillo seguían cerradas a cal y canto. ¡Qué extraño, se dijo Arual, ni abren las puertas ni hay soldados vigilando., parece que el castillo estuviese abandonado. El misterio atrajo de inmediato el corazón guerrero de Arual y decidió que lograría entrar en el castillo, pero éste permanecia cerrado y su secreto bien guardado.

Pues entraré, se dijo Arual al caer la noche, no sé cómo pero lo lograré.

“Otros lo han intentado antes que tú y han fracasado”, escuchó tras de sí.

Arual se volvió para encontrarse ante un anciano tan delgado que tuvo que acercarse para comprobar que no era un palo.

Quién eres, le preguntó, y por qué me dices eso.

Soy el guardián del castillo y de su secreto. Ante el que va a intentar entrar siempre me aparezco.

Pero para qué te apareces, no te entiendo.

El castillo no solo guarda un secreto, grandes peligros te esperan dentro, yo te aviso para que te marches por donde has venido.

¡Pues no me pienso marcha!, dijo con convicción Arual.

Está bien, musitó el anciano, al menos ya te he avisado.

Y diciendo esto pareció adelgazar aún más y se elevó con el viento, Arual lo vio alejarse en el ancho cielo, más parecido a una nube que a un viejo.

Entonces, decidida, se acercó a las puertas del catrillo y gritó: ¡abrid ahora mismo!

Y en ese instante las puertas se abrieron y Arual entró dentro, oyendo cómo las puertas se cerraban tras ella con estruendo. Por lo pronto, la joven vio ante sí una gran mesa cubierta de ricos manjares, de los que sin perder un instante se dedicó a dar buena cuenta, y en ello estaba cuando vio que al otro lado de la sala unas ancianas, viejas reviejas con curiosidad la miraban.

Como Arual no se asustaba de nada y se alegraba de tener compañía, las saludó con simpatía y les pidió: ¡venid a comer conmigo!

Las viejas reviejas la miraron sorprendidas. En toda nuestra larga vida, dijo una, nadie nos invitó al festín, aceptamos encantadas. Y riendo y saltando, como si de traviesas niñas se tratara, las viejas reviejas junto a Arual se sentaron.

¿No te asustamos?, le preguntaron.

¿Por qué? dijo Arual, os estoy agradecida por haberme preparado esta comida, qué menos que con vosotras la quiera compartir.

Las ancianas rieron encantadas y llevaron a Arual a otra sala cubierta de espejos, en ellos la joven se vio tan vieja como sus anfitrionas, y a ellas las vio tan jóvenes como ella.

¡Son espejos mágicos!, dijo Arual

Si, le respondieron, son espejos mágicos que todo lo muestran del revés.

¡Así seré yo de viejecita!, dijo divertida Arual, señalando su imagen sonriente en los espejos.

¡Y así éramos nosotras de jovencitas!, corearon las ancianitas.

Las viejas reviejas empujaron a Arual a otra gran sala y entre risas le cerraron la puerta. Dentro todo estaba oscuro y sólo alumbraba una vela, bajo cuya luz todo parecía moverse y dar miedo, pero Arual, suspiró feliz al ver una cama y se acostó en ella. Al momento, del armario salió un monstruo terrible y se acercó a la joven dispuesto a asustarla, pero Arual se había quedado profundamente dormida y ni gemidos ni sacudidas la despertaban, pues estaba del sueño cautiva.

El monstruo, perplejo salió a contarle a las viejas reviejas que Arual de él no se había asustado porque profundamente dormida se había quedado. ¡Tampoco le asusta contemplar su propia vejez!, dijeron las ancianas, esta joven es más guerrera que todos los jóvenes que en este castillo cayeron.

Pues dejémosla dormir, se lo ha ganado ya que de mí no se ha asustado.

Arual se despertó a la mañana siguiente muy feliz, ¡estaba en el castillo!, ¡y había un secreto que encontrar!, pero… ¿por dónde empezar?
La joven entró en un pasadizo que la llevó hasta un frondoso jardín de altos árboles, que parecían tener ojos vigilantes y porte amenazador.

Este lugar es muy misterioso, se dijo Arual, y los árboles parecen soldados de los que hubiese que tener cuidado. Entonces salió corriendo por donde había entrado, pero no huía ni estaba asustada, iba a la habitación de los espejos a por uno que vio estaba suelto. Con él regresó por el pasadizo corriendo, y al llegar al jardín a los árboles les mostró el espejo, y éstos en él se miraron, y su actitud cambiaron, porque su reflejo, del revés, les mostró unos árboles amigables y tiernos, y con Arual así fueron.

Bueno, mostradme el secreto, les pidió Arual sonriendo.

Entonces los árboles sus ramas abrieron y de ellos, cientos de jóvenes guerreros cayeron, despertando así de un largo sueño.

Los jóvenes recordaron sus miedos y cómo éstos les sumieron, como por hechizo, en el profundo sueño.

Tú eres el mejor guerrero, a Arual le dijeron, contigo a nuestro lado no tendremos miedo. Los jóvenes rompieron los espejos, las puertas del castillo abrieron y por ahí, las viejas reviejas y el monstruo, convertidos en cuervos, huyeron volando muy lejos.

El castillo será tuyo, le dijeron a Arual los jóvenes guerreros, te lo debemos por salvarnos del mágico sueño.

Arual aceptó quedarse con tan gran castillo y lo convirtió en un hospedaje muy fino. Contrató sirvientes, cocineros y guardianes, y cuentan que hasta los reyes fueron allí a hospedarse.

Y colorín colorado este cuento dedicado a la pequeña niña guerrera Laura, se ha acabado.

2 comentarios:

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  2. Me fascinó, tengo una sobrinita que ademas es mi ahijada llamada Arual, ahora se que es una guerrera, gracias y felicidades!

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